Villa María

“Hasta el día de hoy quisiera saber por qué me detuvieron”

Carlos Belfanti es villamariense, en febrero de 1976 salió de vacaciones junto a un amigo rumbo a Brasil y en la provincia de Formosa fue detenido y luego torturado. Su detención ocurre un mes antes del golpe de Estado, lo que deja en evidencia que el horror inició antes del 24 de marzo. Eleccionario dialogó con él mano a mano sobre el calvario que sufrió durante tres meses, que luego dejó sus marcas para siempre. Fue uno de los primeros presos políticos en la Argentina.

-Se están cumpliendo 50 años del golpe de Estado. Usted fue un preso político. ¿Cómo fue esa experiencia tan oscura en su vida personal?

-El 26 de febrero del 1976 me detuvieron en Formosa capital. Fui trasladado al Regimiento 29 de Monte, que tenía cierto renombre porque en octubre del año 75 había “debutado” Montoneros con el asalto a ese regimiento. Luego fui trasladado a la alcaldía de Formosa y, después de un par de días, me llevaron directamente a investigaciones de Chaco, a un subsuelo, para posteriormente trasladarme ya definitivamente a la cárcel de Resistencia.

-¿Por qué lo detuvieron?

-Hasta el día de hoy quisiera saber. Es una pregunta que me hago prácticamente todos los días. Yo estaba en la ruta, habíamos perdido el colectivo con otro compañero de acá de Villa María, Miguel Ángel Gea. En un momento nos vio Gendarmería Nacional, nos hicieron subir, nos encapucharon, nos esposaron y nos llevaron directamente al Regimiento. Allí empezó el interrogatorio de dónde veníamos y quiénes éramos. Con los años te vas enterando de que hubo guerrilleros que se habían quedado escondidos por los montes y que de a poco iban saliendo hacia Paraguay u otras provincias.

-¿Ustedes estaban de vacaciones?

-Sí, nos íbamos con este amigo hasta Brasil y, si nos permitía el tiempo, dar una vuelta por Paraguay y regresar; eran 15 días nomás. Me remito a esa época de mochilero en la que uno, si bien tenía un vago conocimiento de lo que pasaba en el país, con 20 años nuestro objetivo era, como todo joven, pasarla bien.

-¿Recuerda cada instante, cada lugar?

-Eso no se te borra nunca de la vida. Yo hace prácticamente 40 años que tomo un medicamento para los ataques de pánico porque las “caricias” de los militares no eran de las mejores y eso te marca para siempre. Ahí aprendés a conocer lo que el hombre llega a ser, porque las cosas que he visto y sentido son muy feas de traer a la memoria.

-A 50 años de aquel hecho, le sigue emocionando y generando sensaciones en el cuerpo. Fueron tres meses que lo marcaron.

-Te marca para toda la vida. Yo felicito a la gente de Derechos Humanos de Villa María, a Omar Toscano y a todos los que trabajan por transmitirle a la juventud lo que pasó en este país: lo que significaron los desaparecidos, los torturados y lo que fue el terrorismo de Estado aplicando fusilamientos, robos y la captura de bebés. Es bueno que los chicos de hoy sepan que eso realmente fue así.

-¿Qué fue lo que más le marcó de ese tiempo de detención?

-Los gritos de tortura. A la noche te traían a la celda y a los cinco minutos te volvían a buscar. Yo sentía que en algunos casos lo hacían por diversión. Cuando ya no das más, tu cabeza solo piensa si te volverán a buscar o no. Le doy gracias a Dios y a la Virgen que lo puedo estar contando hoy, junto al recuerdo de mi compañero Miguel Ángel Géa, que lamentablemente ya no está.

-¿Qué cree que fue lo que lo salvó?

-Agradezco la oportunidad de aclararle a la gente que un expreso político no es necesariamente alguien que estuvo en “cosas raras” o en una organización. Un preso político lo fue por parecer distinto, por tener un libro de Marx o Lenin, o simplemente por figurar en una lista. Los militares tenían miedo a todo. En mi caso, pagué con mi detención quizás para “hacer el número”, porque yo no tuve absolutamente nada que ver; solo estaba de vacaciones.

-¿Qué pasó cuando volvió a Villa María?

-Se lo tuvimos que decir despacio a mis padres porque me estaban buscando por todos lados. ¿Qué hice al llegar? Tenía como 20 canarios y les abrí la puerta a todos. Me preguntaron qué había hecho y yo solo pensaba que lo peor que le puede pasar a una persona es perder su libertad.

-¿Qué significa el 24 de marzo?

-Un triste recuerdo para todos los argentinos; algo que no tendría que haber existido, como dice el libro: Nunca Más. Demos gracias a Dios por el gobierno que tenemos, nos guste o no, pero tenemos la libertad de pensar, de votar y de estar en libertad, que es algo que realmente no tiene precio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *