Conocé más de Villa Tulumba, el pueblo elegido entre los más lindos de Argentina
Hay caminos dentro de Córdoba que son auténticos, sin disfraces, caminos reales que llegan a los poblados más naturales y con una esencia pura. Caminos reales colmados de historia de las localidades.
Estas rutas históricas atraviesan a uno de los pueblos más antiguos e históricos de nuestra provincia, Villa Tulumba. Un poblado ubicado en nuestro norte que lleva en su figura geográfica un legado cultural inmenso, con muchísimo patrimonio de estilo colonial.
El Gobierno de Córdoba elaboró un informe sobre este poblado, elegido para competir en un certamen internacional. Cabe recordar que el anuncio se hizo semanas atrás luego de la postulación que hizo la Agencia Córdoba Turismo, que encabeza el villamariense Darío Capitani.
Tulumba posee una identidad de más de 400 años, que enorgullece a toda la provincia. Con más de 2.500 habitantes que llevan el ADN de la solidaridad, generosidad y, sobre todo, de ser grandes anfitriones para hacer sentir cálido al visitantes y que vuelva a disfrutar.
“La característica que tenemos es ser muy receptivos de la gente que viene de otro lado. Las recibimos amablemente, queremos acompañarlos y contarles nuestra historia”, expresó Argentina Ramírez, quien contó que es guía de turismo de “este precioso pueblo”.
Si la primera pregunta es ¿cuáles son los espacios históricos que marcan a la localidad? Sin lugar a duda su casco céntrico tiene la arquitectura de la época colonial, tan fascinante que marca un museo a cielo abierto del noroeste cordobés.
Un término que la secretaria de Cultura y Educación, Leticia Andina, lo define como un espacio que “ofrecemos para que sea visitada, desde el santuario, las cuatro esquinas, la Casa de los Reinafé, el Paseo de los Inmigrantes, entre otros espacios”.
Otro de los conceptos que acompaña es “Territorio Museo” que acuña la interpretación territorial del patrimonio cultural y natural.
Si alguna vez curiosean como era un poblado en el siglo XVIII, solo basta con transitar las calles tulumbanas, con su anchas pedreras, para meterse en una imagen que podemos imaginar en color sepia.

