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Opinión – Festival de Todos: Entre la nostalgia y la vanguardia

 

¿Vieron “Luna de Avellaneda”? Bueno, algo así. El Festival de Peñas es patrimonio de la ciudad y la región. No pertenece a nadie en especial, ni siquiera es exclusivamente de los vivos, sinó que es principalmente legado de los muertos. Es en su memoria que debe crecer para emular lo que ellos y ellas hicieron: nuevos caminos… pero ¿Hacia dónde?

 

El evento total, esa semana de febrero para nosotros legendaria, es centro de atención de las personas, familias, amistades. No hablo solo en sentido local, claramente. Estudiantes llegan de todos lados, reciben visitas y pueblan el río en su inmensidad.

 

La nostalgia siempre influye en el punto de vista, en nuestras opiniones, y para los adultos es un sentimiento caro, carísimo, ya que conecta directamente con su propia vida.

En cambio, adolescentes y jóvenes, quizá quieran comerse el mundo, es su momento, juegan su propio juego. Claramente la nostalgia no se inyecta transgeneracionalmente, sinó que es ejercicio de memoria que no siempre es colectiva.

 

En Luna de Avellaneda se da la discusión entre lo viejo y lo nuevo ¿Puede demolerse el patrimonio edilicio? ¿Todo tiene un precio? El valor de habitar ese lugar donde nuestros abuelos compartieron momentos inigualables que nos fueron narrados y hoy son parte de leyendas profundas en la conformación del sentido de pertenencia popular. Pero lo nuevo viene andando con mucha fuerza y las generaciones que, a paso cada vez más fuerte, manifiestan sus intereses.

 

Cuando se techó el anfi, a todos se nos cayó una lágrima. Esas noches estrelladas y cálidas a la vera del Ctalamochita son irrecuperables. Noches de verano a cielo abierto, con lunas de magia. Nuestra memoria resistencia suele ser selectiva y ejercer resistencia, ya que también vivimos suspensiones a último momento, tormentas peligrosas y lluvias escandalosas.

 

Esta discusión sigue y seguirá abierta en la mesa del bar o de la cocina ¿Conocía la señora villamariense a Nicky Nicole? ¿a Callejero Fino el señor? Difícil ¿Podemos sostener un “festival de todos” cuando desconocemos a la mayoría de los artistas? y si los conocemos ¿Conocemos sus canciones? No me refiero a la que gira en spotify, sino a su obra.

 

Pero, dados los resultados, el Festival (y me cuesta llamarlo “Internacional”) es un éxito. Es amplio verdaderamente. Hay espacios para todos y creo que ese es uno de los puntos que más moviliza a ciertos detractores, les pega en el hígado, es un golpe duro. Jamás hubieran imaginado mudar pilchas gaucha por el “Love is Love” de Lali y la demostración de un colectivo que, hace no tantos años, era absolutamente invisibilizado y hoy tiene orgullosos bailarines en el escenario, en foco. El cambio es grande, aunque para mucha gente se torne invisible.

 

Ahora, que se manifieste que “el festival está afuera” y que “adentro no hay nada”, no me parece. Adentro encontramos una búsqueda artística valorable. Es verdad que trae consigo un lenguaje audiovisual y simbólico que nos puede resultar extraño, un lugar no visitado. Exceso de baile, coreografía, movimiento de los cuerpos y de ritmo.

Trueno y su freestyle hicieron levitar un anfi repleto, pero no solo eso, también brindó una pintura de su entorno, que es urbano, como gran parte de la historia de la argentina siglo XXI, pero que además le canta a la patria de igual modo que el legendario Ciro ¿adentro nada?

 

Miles aplaudiendo de pié a los Veteranos de Guerra, el “argentina, argentina” o “el que no salta… es un inglés”. Eso mueve, que cientos y cientos canten todas las canciones de Ciro y Los Persas al unísono, también es reconocer que allí hay trayectoria, tiempo vivido, que nos formamos con ese Rock Nacional que la está peleando y se pone nostálgico, y aunque necesite un feat con algún producto de la nueva escena para estar en primera plana, tiene contenido, letra, instrumentos y mucho para decir.

 

Lo mismo Miranda, recibió litros de tinta en críticas, pero ahora convertido en leyenda, en bandón con estilo propio y decenas de melodías que son parte del cancionero popular.

 

Que me disculpe el gruñon. Sepa usted que me cuestan también algunas cosas, pero es saludable entender lo necesario del cambio en la cultura, de la renovación y lo reconfortante que es levantar la cabeza y ver un lleno total. Abrir para escuchar algo nuevo ¿Hasta cuándo cantaremos “Puente carretero”? Además, las comunicaciones y los vehículos nos posibilitan actualmente, a diferencia de los ´70, que cada género tenga su lugar y claramente Cosquín es la Meca de la tradición en cuanto a poesía, coplas, música folklórica y baile.

 

 

Pero además, el espacio multitudinario de la noche del cuarteto va por ahí, hacia la raíz de Córdoba. El cuarteto, con su vasta historia, busca reinventarse a partir de su propio lenguaje y su estética. Le canta a la vida cotidiana de las personas, amores y desamores, buenas y malas, pero siempre con ritmo fusión de lo heredado. Se deja escuchar entrelíneas un pasodoble, un teclado, un acordeón, varias tumbadoras, ritmo y transpira cuerpos en movimiento.

 

Supo generar, respaldado en su gran convocatoria, el lugar que realmente merece luego de años cargados de prejuicios. Es la música original de la provincia. Si hacemos dos cuadras por cualquier pueblo vecino ¿Qué está escuchando esa familia con la ventana abierta? Cuarteto. Música del pueblo.

 

Todo es bueno, pero no todo es bueno para todos.

 

Nos acostumbramos a confrontar. Tomamos como natural colocar algo sobre. No es así. Nadie tiene la verdad en esto. El grupo de amigos o amigas que prefiere bailar la zamba, ejercer la belleza de su cadencia, de su arrogancia, con sus inigualables miradas y pausas, baila en la peña y sonríe. Y si prefieren el locro, ahí está, siempre anhelado, ahí está. No falta nada, ni adentro ni afuera. Ese sí sería un auténtico problema, que se cancele algo, la posibilidad de hacer algo invisible es lo que nos debería preocupar, pero no es el caso.

 

Es verdad que la invasión entre pantalla gigante y luces es preponderante. Venimos del olor a cuero del legüero y del silencio del disfrute expectante del Indio Toba, que claro, éste show fuerte en todo sentido nos impacta. Tiene su lógica.

Pasan cosas raras, es verdad, le doy la derecha, más cuando oímos la voz de alguien que hizo una “colaboración” con el artista en escena, pero ese alguien no está en cuerpo y alma. Uno se pregunta ¿Quién canta?

 

Pero también tenemos la certeza de que la despersonalización llegó hace rato. Mediatizado todo, también el espectáculo ¿Cuánto falta para que se presente un holograma de Hernán Figueroa Reyes en el escenario cantando “Zamba para Villa María”?

 

Todo eso, es verdad. La ruptura y el quiebre es innegable, pero son los consumos culturales de hoy, febrero del 2023. Existe un mundo digital, reina la inteligencia artificial en nuestra vida cotidiana. Tranquilamente este texto podría haber sido escrito, con mayor pericia, en Chat GTP con un par de conceptos y la declaración de una idea, pero no, hay una persona en el teclado porque nací en 1986. El niño o niña que nace hoy, probablemente recuerde al teclado como nosotros a la Olivetti.

 

Claro que si hacemos foco en el corte de ticket encontramos una variable irrefutable. Duele recordar Villa María Rock 2004 que reunió a Charly, Spinetta, Divididos, etc. etc y que no convocó lo que sí Dillom que, aunque tiene nombre de super héroe yanqui, es un chico común y corriente que se perdió en el Parque Pereyra entre los demás.

 

¿Qué creen que pasaría si este nuevo Festival Internacional se mudara río arriba a otro anfi para dejarle el actual exclusivamente al folklore?

 

La discusión sigue y seguirá ¿Vieron “Luna de Avellaneda”? Esa tensión entre vanguardia y nostalgia. Bueno, algo así. En el fondo, lo que se discute, es un sentido político de pertenencia donde, tanto la música como el show, son simples espectadores.

 

 

 

 

 

 

Un comentario en «Opinión – Festival de Todos: Entre la nostalgia y la vanguardia»

  • Coincido con tú comentario. Digo como vos, que hay tiempo y espacio para Todo. El Anfiteatro tiene techo. Y el año 12 meses. El festival se llama, Nacional de Peñas!! Desde mi punto de vista. Se pueden en distintos meses, tener los dos. Y darle vida todo el año!!!
    Abrazo

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