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Despedida multitudinaria al Indio Solari y fuertes críticas al gobierno por no abrir el Congreso

La muerte de Carlos Alberto “El Indio” Solari, ocurrida el pasado viernes 5 de junio a los 77 años en su casa de Parque Leloir, sumió a la Argentina en un estado de conmoción absoluta, especialmente al mundo del rock nacional, pero también para quienes lo conocieron a partir de su muerte. El legendario exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, quien batallaba desde hacía una década contra el mal de Parkinson, sufrió un accidente cerebrovascular hemorrágico que apagó la voz más influyente de la cultura popular contemporánea. Apenas conocida la noticia, el dolor se transformó de inmediato en liturgia: una marea humana improvisó santuarios en rincones emblemáticos del país como el Obelisco, el Patio Olmos en Córdoba y la histórica Plaza de Mayo, dando inicio a un fin de semana marcado por el luto y la devoción ricotera.

Sin embargo, el dolor colectivo no tardó en cruzarse con la grieta política. La intención inicial de los allegados del músico y de diversos sectores de la oposición era realizar el velatorio en el Congreso de la Nación, un honor habitualmente reservado para las máximas figuras de la historia argentina. Desde el Gobierno nacional conducido por Javier Milei, la respuesta oficial fue el rechazo a ceder el Palacio Legislativo alegando “razones de seguridad” ante la previsión de un desborde masivo. La decisión provocó una fuerte incomodidad interna y la Casa Rosada intentó amortiguar el impacto político ofreciendo a última hora el predio de Tecnópolis para contener la crisis de imagen. No obstante, las voces más duras del universo libertario, encarnadas por figuras como el escritor Nicolás Márquez —biógrafo del presidente—, no ocultaron su desprecio al tildar a Solari de “magnate de los pobres” y acusarlo de “vender rebeldía a las masas”. También se apuntó a Martín Menem como responsable de no abrir las puertas del Congreso.

Ante la negativa del Ejecutivo nacional, el peronismo bonaerense reaccionó con rapidez para capitalizar el vacío institucional. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, junto al intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, asumieron el control de los operativos de contención. Tras barajar opciones que incluyeron estadios de fútbol como el de Racing Club —alternativa que no prosperó por la negativa de la dirigencia a asumir la responsabilidad civil—, se coordinó con la familia del artista el montaje de una capilla ardiente de emergencia. El lugar elegido fue el Parque Domínico, un predio a cielo abierto ubicado sobre la avenida Bartolomé Mitre en Avellaneda, que permitió desplegar la logística necesaria para el evento.

La jornada del domingo se convirtió así en la última gran “misa ricotera”, transformando el sur del conurbano bonaerense en el epicentro del fervor popular. Cientos de miles de seguidores llegados desde distintas provincias acamparon en los alrededores y realizaron largas filas que se extendieron por más de ocho horas para darle el último adiós a su ídolo. La peregrinación civil, que desafió todos los pronósticos de caos y desborde, se caracterizó por una llamativa autogestión de la seguridad por parte de los propios fanáticos; se destacó la casi total ausencia de presencia policial uniforme en el anillo interno y la musicalización constante a través de parlantes comunitarios donde sonaron los clásicos de Redondos y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.

La trascendencia del duelo traspasó las fronteras de la militancia musical para instalarse en las instituciones más representativas del entramado social. El club River Plate, del cual el músico era confeso seguidor, emitió un emotivo comunicado institucional en sus redes sociales despidiendo a la “leyenda”, mientras que la propia Asociación del Fútbol Argentino (AFA) publicó una sentida elegía ligando el espíritu de persistencia de Solari con los máximos hitos del fútbol local. La magnitud del fenómeno cruzó incluso el Río de la Plata: durante su concierto en el Auditorio Nacional de México, el artista uruguayo Milo J detuvo su presentación para rendirle un homenaje que se volvió viral en redes, evidenciando el estatus continental del compositor de “Juguetes perdidos”.

Hacia el final de la tarde, la familia del Indio Solari emitió un comunicado de profundo agradecimiento a la militancia ricotera, solicitando mantener la desconcentración en paz y ratificando que el mito se mantendría vivo en la memoria colectiva. El cierre de un fin de semana cargado de emociones deja en evidencia que el fenómeno de Carlos Solari excede largamente las lecturas partidarias o las coyunturas gubernamentales; se trata de una identidad afectiva y cultural arraigada en el corazón de varias generaciones de argentinos que despidieron a su referente bajo la certeza de que, tal como rezaban las banderas en Avellaneda, el futuro ya llegó hace rato.

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